Ultimamente hemos vuelto a mirar con ojos criticos el tema de la evaluación. Ello debido a la presión de los estudiantes que no reconocen su mal desempeño en las pruebas y presionan a las autoridades para aprobar asignaturas sin cumplir con los estándares mínimos, y ésta cede ante dicha coacción. Como resultado de ello se exige a los profesores tomar más evaluaciones hasta que los estudiantes aprueben. Asi se desconoce la labor seria y profesional de éstos y se da un incentivo perverso a los estudiantes, transformando las notas en objeto de trueque entre los profesores: su continuidad laboral o su integridad. Surge entonces la pregunta pertinente ¿qué sentido tiene evaluar en estas condiciones? Peor aún, como todo proceso de innovación docente apunta a la mejoría del rendimiento y éste queda cuestionado después de éstos datos espúrios, ¿cómo deteerminar el éxito de un tal proceso de mejoría del rendimiento? ¿Qué se evalúa entonces al evaluar?